Historia del municipio    

 
 
    Esta singular villa salmantina se encuentra en el centro de la Sierra de Francia a 75 km de la capital, a 45 de Béjar y a otros tantos de Ciudad Rodrigo. Con las tres ciudades la comunicación por carretera es cómoda y fácil.
 

 Un poco de geografía

 

    Siendo un pueblo de montaña, tiene una orografía en la que se destacan cumbres redondeadas (Cabezarrasa), laderas empinadas (Viñas Muertas) amplios rellanos, (El Ejido) y valles, aunque no angostos. Siempre se han señalado como características sus espléndidas vistas y sus excelente paseos.

    El roquedo en general es granítico, con pizarras paleozoicas en la zonas periféricas del este y del norte. La lluvia es un poco superior que la media de la comarca, por encontrarse abierto a los vientos del SO. La temperatura es moderada, por gozar de cierto resguardo del cierzo, y tener por sus laderas soleadas.

   Los antiguos vecinos en el curso de los siglos hicieron aceras y huertos en el entorno urbano, abrieron pozos, roturaron las laderas meridionales, en las que cultivaron la vid y el olivo, dejaron eras y ejidos al este y oeste respectivamente de la población. Igualmente dejaron dos dehesas para copio de leña, maderas y frutos, una La Mata de la Cordera, y otra la Dehesa, además de un espacio de monte bajo, Los Recatones y Los llanos para otros aprovisionamientos y utilidades.

 

Texto de Ramón Martín

 

 

 

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